domingo, 15 de febrero de 2009

ti tic, ti tic, ti tic...

Sonó el despertador y conseguí pararlo de un manotazo, las pestañas me pesaban y sufría una profunda jaqueca que no me dejaba reaccionar ante la tibia resplandor del sol que entraba entre las ranuras de la persiana. Conseguí reincorporarme, no sin hacer un tremendo esfuerzo para no volver a caer rendido a suaves y tentadoras sabanas de algodón de la cama. Intenté recordar pero no puede, lo que sucedió la noche anterior era totalmente desconocido para mí. El alcohol y los estupefacientes ingeridos seguían surgiendo efecto y después de ponerme en pie, dejé la mente en blanco durante unos segundo antes de avanzar lentamente hasta el cuarto de baño de mi habitación.
Una vez allí coloque mis manos sobre el mármol del fregadero y eché la mirada al pequeño espejo de encima. No podía creer lo que veían mis ojos - ¿Este soy yo?- pensé. Mi cara era todo un poema, estaba tan demacrada que cualquiera hubiera dicho que esa misma noche había envejecido 30 años. Poco a poco iba recuperado la memoria, pero existían lagunas, que por mi experiencia semanal sabía que vagamente podría llenar, abrí el grifo y lavé mi cara con agua tibia, miré hacia la habitación y pude comprobar la degradación que sufría a causa de mi dejadez. La ropa se amontonaba por los rincones, la pared necesitaba una mano de pintura y la mugre se apreciaba por todas las esquinas visibles de la habitación.

Me dirigí al inodoro, y me introduje los dedos en el interior de mi boca para poder apaciguar ese malestar interior que me rondaba. Una vez terminado el proceso, y ya mas relajado, fui hacia el gran armario de la habitación en busca del mono de trabajo, una vez vestido me senté a los pies de la cama y me encendí un cigarrillo, el humo vagaba lentamente por la habitación igual que los pensamientos por mi cabeza...miles de preguntas me rondaban por mi conciencia, consumida por las drogas y los excesos que habían echo mella en mi. La vida que me había tocado vivir pasaba lentamente entre la rutina del trabajo y los excesos del fin de semana y por eso no podía dejar de pensar en el negro futuro que me esperaba. Un leve sollozo salió de mi boca. Me reincorpore y me dispuse a coger la mochila para digerirme al trabajo. Eran las 7 en punto y era hora de irse, cogí mis cosas y me dirigí hacia la puerta, una vez allí miré hacia el interior del lúgubre salón y me dije a mi mismo - Otro día más señor, otro día más...que dura es la vida.

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