sábado, 18 de abril de 2009

Punto y aparte

Sentado delante del papel,mi puma garabateaba mis sentimientos, en él las ideas fluían lentamente y narraban mi pesar por aquella situación.
"Barcelona, 17 de Marzo de 1996

Querida:
Quién iba a imaginar que lo nuestro iba a acaba así, nosotros que tanto nos amamos...aixxxx ¿Recuerdas aquellas tardes de verano? Fueron tan mágicas para mí...Un millar de recuerdos imborrables que no puedo quitarme de la cabeza navegan sin rumbo y me baso en ellos para encontrar una razón lógica a esta situación. Yo que tanto te amé...yo que deje todo por ti...¿Por qué a mí?¿Por qué?... "
Miré por la ventana y ahí esta él, delante del quiosco como cada mañana... Maldito Desgraciado, lo odio con todo el dolor de mi corazón. Cada vez que lo veo por la calle me dan ganas de matarlo.
l nos separó! Él!!Nuestras ilusiones, nuestros sueños, nuestra vida, él se encargó de destruir todo aquello que más quería, y no vino a pedirme perdón por lo sucedido. Simplemente se digno a seguir con su insignificante y repugnante vida sin importarle la de los demás."
No pude más con esa situación y saque la mirada de la calle, eran las 8 en punto y ya hacia exactamente una semana que no te tenia a mi lado, fui a prepararme un café y después del pequeño break volví a mi rincón para volver a relatar mi carta de despedida.
"Gracias por todo lo bueno y lo malo que me has aportado, en ti he podido aprender miles de cosas y siempre serás parte de mi vida por que solo tu haces feliz a este pobre corazón. La llama del amor se apagará por que tu ya no nos acompañas, pero te juro mi vida que tu siempre serás mi amada y nada ni nadie lo podrá cambiar. No hay nada que tu no sepas y no te haya dicho ya.
Siempre te amaré."
No puede evitar que las lagrimas que salían de mis ojos resbalaban por mis mejillas y murieran en el papel. Tal y como lo hizo ella, que injusta es la vida pensé y me vino a la cabeza nuevamente la imagen del pobre desgraciado que conducía aquel coche, ebrio y sin carné y que arrolló aquello que más quería matándola al instante.
- No pude hacer nada, no pude hace nada - me repetía a mí mismo mientras le daba la vuelta y firmaba la carta.
"Descansa en paz"
Doble la carta y la metí en el sobre que introduje previamente en el cajón del escritorio, me coloque el abrigo y me dirigí hacia la puerta.
Me disponía a afrontar mi futuro y dejaba atrás mi amargo pasado.